ficha la inglesa y el duque

INGLESA Y EL DUQUE, LA. (2001), L’anglaise et le duc.

lainglesayelduque

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Género: Drama
Nacionalidad: Francia
Director: Eric Rohmer
Actores: Lucy Russell; Jean Claude Dreyfus; François Marthouret;  Léonard Cobiant; Caroline Morin; Alain Libolt; Héléna Dubiel; Laurent Le Doyen; Serge Wolfsperger; Daniel Tarrare; CharlotteVery; Rosette Marie Rivière; Michael Demierre; Serge Renko;                                                                         Productor: Françcoise Etchegaray                                          Guión: Eric Rohmer
Fotografía: Diane Baratier                                             Calificación moral: No recom. menores de 7 años
Duración: 124 minutos.
Culturalia: 9 votos. Puntuación, 9.3/10                      Filmaffinity: 292 votos. Puntuación 6.6/ 10

SINOPSIS:
Reconstrucción de las memorias de Miss Grace Eliott, una inglesa monárquica que vivió durante la Revolución Francesa y que fue ama de llaves del Duque de Orleans.

CRÍTICAS.-

La Revolución Francesa globalizó la libertad y la igualdad, las inauguró como se “descubre” un continente y las fijó como pilares de esa estructura polimorfa y quebradiza que ha sido (que es) la modernidad. Pero desde el principio se sacrificó la tercera punta del ideal revolucionario. La fraternidad no se asimiló ni se ha asimilado por ahora nunca como aspiración política. Apenas unos pocos pasos tecnológicos separan la guillotina de la silla eléctrica. Eric Rohmer arriesga su popularidad para denunciarlo en su última película, La inglesa y el duque, en la que revisa el mítico episodio revolucionario desde un punto de vista incómodo: el de sus víctimas aristocráticas. Sale así el veterano realizador francés (81 años, más de treinta películas) del genial y genuino universo de sus citas con el París contemporáneo casi un cuarto de siglo después de su última recreación histórica, Perceval le Gallois (1978). Y lo hace para traducir casi literalmente al cine las memorias de Grace Elliot, dama de la alta sociedad escocesa que vivió en el París de los años más sangrientos del gobierno jacobino de Robespierre, convencida monárquica y al mismo tiempo amante del Duque de Orleáns, un intrigante político revolucionario.

Más allá de la polémica que haya podido suscitar Rohmer al cuestionar el triunfalismo popular con el que se ha evocado siempre este hito del nacionalismo francés (y de toda la tradición liberal posterior), La inglesa y el duque tiene sobre todo un excepcional interés en su forma. Para recrear el París de finales del XVIII, Rohmer ha desechado cualquier alarde de fidelidad restauradora. Encargó a un pintor una serie de paisajes y sobre ese fondo, en el que reconocemos desde luego la iconografía romántica de la época, ha insertado a los actores en un proceso equivalente al rodajeen vacío“, tan utilizado por el cine en los años 30 y 40 y muy mejorado ahora por las posibilidades del tratamiento digital de la imagen.A través de ese pacto de ficción, viable gracias al negocio entre el artificio de la nueva y la vieja tecnología, entre lo que asumimos como real en la virtualidad digital y en la más básica rutina de las perspectivas pictóricas, Rohmer consigue elaborar una síntesis de artes sorprendente, inédita y muy valiosa como forma para contar lo que le interesa como le interesa, como fábula moral en la que lo de menos es la anécdota histórica, trascendida en su totalidad por un discurso de rotunda negación del horror como medio político, como medio que crece y se convierte en fin.

J.A. Bermúdez (Tomado de CINEstrenos.com)

En Venecia, hace poco, han querido reconocer con un León de Oro honorífico el talento de Eric Rohmer, un cineasta octogenario, que no sólo sigue trabajando, sino que lo hace con una lucidez y una capacidad de innovación sencillamente asombrosas. En Venecia, se presentó La inglesa y el duque, una película histórica que adapta las memorias de Grace Elliot, dama inglesa que vivió en el París del Terror Revolucionario. Bien relacionada con la aristocracia, Lady Elliot contó con la amistad protectora del Duque de Orleans, controvertido y ambiguo personaje que formó parte de la Convención.

El discípulo de Bazín y redactor-jefe de Cahiers du cinema explica que en la génesis de La inglesa y el duque latía un reto, tras ver y pensar muchas veces un puñado de grandes películas sobre la Revolución, encabezadas por Orphans in the storm, la obra maestra de D. W. Griffith, inspirada en un melodrama de Adolphe d’Ennery (la versión en video que se vende en España tiene una presentación y un epílogo memorables de Orson Welles).

La clave para apreciar el mérito de esta grandísima película de Rohmer es que no bebe de una novela histórica, ni de una biografía novelada, ni de un manual de historia. Se usa aquí un material distinto, unas memorias, los recuerdos de una persona que estuvo allí. Se trataba de encontrar un punto de vista, para narrar -dice Rohmer– “no sólo los padecimientos de una mujer sino también su forma de ver las cosas“.

El espectador no dejará de sorprenderse ante la audacia juvenil del experimento de Rohmer, que abraza sin remilgos los avances de las técnicas digitales. Gracias a ellas recrea al modo pictórico los exteriores en los que se desarrolló el drama, las calles y plazas del París de 1793. El procedimiento es barato y produce unos resultados bellísimos. Se obvian así, los inconvenientes habituales de otras películas ambientadas en el pasado, que recurren a localizaciones de aproximación, con resultados carentes de rigor histórico-ambiental.

Rohmer ha declarado que el libro de Grace Elliot no ha requerido especiales retoques. El director francés maneja la cámara y planifica, con sobriedad, con pausa, con elegancia. Después, hace un montaje inteligente, a tono con la historia que cuenta (por eso utiliza algunos intertítulos con textos del libro de Grace Elliot que sirven para enlazar secuencias). No hay banda sonora, ni falta que hace. Lo que si hay, además de lo dicho -que ya es bastante-, es una dirección de actores soberbia, que brilla en ese territorio que es el jardín de la casa de Rohmer: el diálogo. Asistimos a un festival de matices y delicadezas, que en la versión original, brillan más y mejor, porque se ha cuidado mucho la dicción y la protagonista es una inglesa que habla en francés.

Por haber escrito tanta cosa inteligente (como las jugosas declaraciones sobre esta película); por haber llenado -bastantes veces- tantas pantallas de una hermosura que por profunda no es menos apasionante y liviana; por suscitar con obras de arte como ésta el análisis de tantos profesores y alumnos universitarios de distintas disciplinas sobre la capacidad cultural, artística y moral del cine; por hacerme pasar tan buenos ratos…por todo ello, ciudadanos, yo me quito el bicornio y digo: Dios salve a Rohmer.

Alberto Fijo

http://www.filasiete.com/criticas/la-inglesa-y-el-duque/?searchterm=ERIC ROHMER

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