Ficha el maquinista de la general, 1926

EL MAQUINISTA DE LA GENERAL (1926)

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Género: Comedia

Nacionalidad: USA

Director: Clyde Bruckman; Buster Keaton

Actores: Marion Mack; Charles Smith; Richard Allen; Glen Cavender; Jim Farley;          Frederick Vroom; Joe Keaton; Mike Donlin; Tom Nawn; Buster Keaton

Productor: Buster Keaton; Joseph M. Schenck

Guión: Al Boasberg; Buster Keaton

Fotografía: Bert Haines; Devereaux Jennings

Música: William P. Perry

Calificación moral: Todos los públicos

Duración: 89 minutos.              

Filmaffinity: Votos, 13.423. Puntuación, 8,4/10

SINOPSIS:

Basándose libremente en un episodio de la guerra civil americana, el robo por parte de unos espías de la Unión de una locomotora sureña, Keaton creó uno de los espectáculos más imaginativos y trepidantes que alguien haya concebido jamás para una película de cualquier género. Johnny Gray (Buster Keaton) es maquinista en un Estado del Sur y tiene dos grandes amores: una chica (Anabelle Lee) y una locomotora (La General). Al estallar la guerra de secesión, Johnny trata de alistarse, pero el ejército considera que será más útil trabajando en la retaguardia. Sin embargo, Anabelle cree que no va a luchar porque es un cobarde y, por ello, decide rechazarlo. El maquinista sólo podrá demostrar su auténtico valor cuando un comando nordista infiltrado tras las líneas confederadas le robe “La General” y rapte a Anabelle. Johnny no dudará un segundo en subirse a otra locomotora y perseguir a los yanquis para recuperar a sus dos amadas.

COMENTARIO.-

Ponerse delante de un público o de una cámara y comenzar a interpretar gags de cachiporrazos, ha sido ejecutado por numerosos personajes. Pero un nivel superior es el de los que consiguen hacer perdurar sus sketchs a través del tiempo. Uno de esos pocos fue Buster Keaton (Pickway, EEUU, 1895). Nacido de padres malabaristas, Joseph Francis Keaton se ganó el apodo de Buster (golpe) recibiendo sacudidas en el número circense de sus padres. En 1917, con 22 años, Roscoe Arbuckle le dio la oportunidad de trabajar en el cine, y ese mismo año comenzó como actor en algunos cortos de humor. En 1920 pasó a ser co-director de unas 26 películas que filmó en tan solo 9 años, la mayoría de ellas cortometrajes. La importancia de la obra de Keaton se ve reflejada en cómicos como Stan Laurel, los Hermanos Marx o Peter Sellers, que forjaron a partir de su estilo un cine del absurdo que, muchas veces, ha sido popularmente más conocido y valorado.

En El maquinista de la General, Buster Keaton es Johnny Gray, el maquinista de una locomotora llamada General. Tras un intento fallido por alistarse en el ejército sureño al inicio de la Guerra de Secesión, para complacer a su novia, Johnny se convierte en la víctima de una acción estratégica del bando contrario: robar su locomotora. A partir de ahí, es el intento del maquinista por recuperar a su amor (como se dice al principio de la película) y todo lo que se deriva de esa hazaña lo que hace moverse a la historia: persecuciones accidentadas, golpes y más golpes, despistes catastróficos…, con una factura tan creíble que hacen de esta cinta (y en general de toda la obra de Keaton) un documento incomparable a otros coetáneos del mismo género. Así como el grandioso Chaplin hacía reír durante un film varias veces más que Keaton, siempre hubo en las obras del inglés algo de postizo. Por ejemplo, en la escena de la llegada del tren de Napaloni a Tomania en El gran dictador, la superposición de un tren mezclado con unos vagones de cartón que se zarandean como una caja de cerillas rechinan en el film y restan comicidad. La solidez y credibilidad visuales de El maquinista de la General se deben, en gran medida, a la falta de postizos. En ningún momento aparecen en pantalla superposiciones de imágenes: todos los planos del tren y desde el tren son reales, y todas las peripecias de Buster Keaton por encima de la locomotora son auténticas. Los trenes en ningún momento son maquetas, sino que son trenes reales: chocan, descarrilan…, y también es auténtico el personaje que cae al río al pasar por un puente en llamas; una escena, esta última, que deja al espectador con la boca abierta y que pasó a la historia como una de las bromas más caras jamás realizada. Este despliegue que Buster Keaton realizaba en sus películas provocó que, cada vez más, los productores dejaran de confiar en sus proyectos. Tras el sinfín de peripecias que Johnny Gray se ve obligado a realizar para recuperar a sus dos amores (la General y su novia secuestrada), yace en el fondo de la trama una búsqueda ingenua, ciega y obstinada de unos ideales que, en este caso, están representados por el amor y por el afán de realizar una vocación profesional.

TOMADO DE

REVISTA DE CINE FILASIETE. Autor: Victoriano Rubio

http://www.filasiete.com/dvd/el-maquinista-de-la-general/?searchterm=el maquinista de la general

EL MAKING OFF DE “EL MAQUINISTA DE LA GENERAL”

Parte I: Formación del cineasta y orígenes de la cinta

Ha sido considerada por los críticos como un hito importantísimo en la historia del cine mudo. Y sin embargo, esa aureola de inmortalidad que hoy la acompaña le fue negada en el mismo día de su estreno. Olvidada, arrinconada prematuramente en los archivos de la United Artists, la película no reviviría hasta los años sesenta, en la que toda la filmografía de este gran actor era rehabilitada, proyectada de nuevo en los cines y redescubierta con júbilo por toda una legión de cinéfilos. En los setenta llegó incluso a ser catalogada como una de las diez mejores películas de todos los tiempos… y había desaparecido del mundo durante casi tres décadas. Toda una afrenta para uno de los más brillantes cómicos de la historia del cine.

Como tantos otros actores de su tiempo, Buster Keaton llegó al mundo del espectáculo de la mano del vodevil. Hijo de unos modestos actores de variedades, conocidos como “The Two Keatons“, Buster empezó a trabajar en los escenarios a la temprana edad de cuatro años. Con su precoz colaboración, el espectáculo familiar pasó a llamarse “The Three Keatons“, y el niño despuntó inmediatamente por sus cualidades expresivas.

En 1917, cuando tiene solo veintidós años, un golpe de suerte le pone en relación con la industria del celuloide. El conocido actor cómico Roscoe Arbuckle (apodado “Fatty” por sus 120 kilos de peso) le invita a participar en el rodaje de una de sus películas, Fatty asesino. El breve papel que interpreta es el de un joven grave y serio, tocado con un sombrero plano, que busca peleas y está siempre distraído, como en las nubes. Es el principio de su característico personaje.

Enamorado inmediatamente del nuevo arte, Keaton trabaja para Fatty y su productor Joseph M. Schenck en dieciséis cortometrajes de dos rollos (unos veinte minutos), llevando en algunas escenas, sobre sus costillas, toda la pesada humanidad del voluminoso actor. En muy poco tiempo Buster consigue papeles cada vez más sustanciosos, a la vez que perfecciona su estilo y aporta gags a las tramas cinematográficas. Gracias a él se producen algunos de los cortometrajes más dinámicos y violentos de la historia del slapstick, ese cine de tortazos, patadas y carreras. Y cuando en 1920 Arbuckle acepta la oferta de trabajar para la Paramount, Schenck le ofrece la posibilidad de sustituir a Fatty en los futuros filmes, y eso le catapulta a la verdadera fama como actor.

Tras casarse con la actriz Natalie Talmadge, cuya hermana Norma acaba de casarse con Schenck, forma con éste una productora que le proporciona una gran libertad creativa y empieza a dirigir sus propias películas. Es entonces cuando termina de definir su personaje: aquel inexpresivo “cara de piedra“, estoico e ingenuo, al que nunca vimos reír en la pantalla; un personaje de apariencia vulgar y anodina, pero lleno de recursos y dueño de una energía que, una vez desatada, le permite acometer cualquier cataclismo. En los dos primeros años escribe, protagoniza y codirige veinte cortometrajes que le sitúan entre los grandes cómicos norteamericanos: El espantapájaros (1920), Rostro pálido (1921), La mudanza (1922)… El éxito le anima a dirigir y protagonizar varios largometrajes, producidos por Schenck para la Metro-Goldwin, y tras Las tres edades (1923) -muy influida por Intolerancia, de Griffith-, rueda sus obras maestras: El moderno Sherlock Holmes (1924), El navegante (1924) y Siete ocasiones (1925). En este momento se encuentra en lo más alto de la ola, y es cuando su amigo y gagman Clyde Bruckman le habla de una novela muy interesante, basada en un episodio real ocurrido durante la Guerra Civil norteamericana.

Trasfondo histórico del filme

El suceso descrito en la novela era entonces muy conocido entre la gente y rememorado en los libros de historia como una de las grandes gestas de la Guerra de Secesión. El 12 de abril de 1962, cuando los confederados todavía llevaban la iniciativa en la contienda, un grupo de veintidós espías unionistas, bajo el mando de un oficial llamado James J. Andrews, se adentraron unas 200 millas en territorio confederado y se apoderaron de una locomotora de ferrocarril denominada la “General“, en las inmediaciones de Big Shanty, Georgia; realizaron su acción con ropas de civil y según un plan perfectamente trazado, que incluía un aventurado recorrido con la locomotora para destruir las comunicaciones entre Chattanooga y Atlanta. Tal como vemos en la película, inutilizaron las líneas del telégrafo, quemaron los puentes y dañaron las vías férreas para aniquilar la ruta de abastecimiento del ejército sureño.

La operación había sido preparada por el famoso General Mitchell, que había previsto apoderarse de Chattanooga en cuanto quedase desabastecida. Pero un suceso imprevisto dio al traste con la maniobra. El maquinista de la “General“, William Fuller, tomándose aquel robo como una afrenta personal, reunió a otros dos operarios del ferrocarril y encabezó la persecución de la locomotora: primero a pie corriendo sobre los raíles casi cinco kilómetros, posteriormente en una plataforma, y finalmente a bordo de otra locomotora, la “Texas“. Al saberse perseguidos, los espías unionistas sembraron las vías férreas de obstáculos y hasta soltaron su vagón de cola en llamas con idea de incendiar o, al menos, retrasar a sus perseguidores. Nada de ello les detuvo, y la “Texas” continuó pisándole los talones, a la vez que avisaba por telégrafo a las tropas confederadas, que salieron a cerrarles el paso. Una repentina avería de la “General” hizo que los espías abandonaran la máquina y se escondieran en los bosques cercanos, donde fueron finalmente capturados y algunos de ellos ajusticiados. Tras meses de confinamiento en prisión, sin que sus propios mandos supieran de su paradero, ocho de ellos consiguieron escapar en octubre de 1862, y los seis restantes fueron liberados en un intercambio de prisioneros en marzo de 1863; el 25 de ese mes llegaban a Bridgeport (Alabama), donde fueron aclamados como héroes.

Parte II: La escritura del guión

Buster Keaton había tomado la idea de su película tras leer una novela entonces muy conocida, “The great locomotive chase“, que contaba un episodio real ocurrido durante la Guerra Civil norteamericana. Los hechos allí reseñados -la incursión de espías unionistas en territorio confederado, el robo de una locomotora y su posterior persecución y encarcelamiento por los confederados- sucedieron en 1862, en plena Guerra de Secesión, y eran en realidad una elaboración bastante literaria de un relato histórico anterior.

Recuerdos de una gesta heróica

Uno de los supervivientes, William Pittenger, publicó su relato de toda la operación militar en un libro que tituló “Daring and suffering: A history of the great railway adventure” (“Audacia y sufrimiento: Una historia de la gran aventura ferroviaria“), que vio la luz en 1864, pocos meses después de los hechos. Las palabras del prólogo, redactadas por los editores, dejan entrever la gran expectación que tal suceso despertó en el bando unionista: “Durante la última primavera, la entera nación ha estado ansiosa por conocer las revelaciones hechas por los supervivientes de esta expedición secreta al Presidente y al Gabinete de Washington. Como es sabido, se trataba de una misión de un grupo de soldados, al mando del General Mitchell, que habían sido enviados al corazón del territorio confederado casi un año antes. De los veintidós audaces aventureros que arriesgaron sus vidas y penetraron en suelo enemigo, ocho fueron ejecutados y los otros, después de sufrir incontables penalidades, lograron finalmente cruzar las líneas enemigas y reincorporarse a sus regimientos. Cada uno de ellos recibió la medalla del honor de manos del Presidente. El relato de su larga cautividad, con intentos de escapada y sufrimientos y dolores sin cuento, es narrada con todo lujo de detalles. Ningún otro hecho de la historia reciente de nuestro país es más interesante que esta apasionante aventura“.

En 1893 el libro fue reeditado como “ The great locomotive chase” (“ La gran persecución de las locomotoras“), y esa versión fue la que atrajo poderosamente la atención de Bruckman en 1925. Como el gagman hizo notar a Keaton, había encontrado en esa historia una bella posibilidad de armonizar un relato épico con una interminable sucesión de gags relacionados con la persecución de ferrocarriles.

El nacimiento de un proyecto

Desde su primera lectura, Buster Keaton se sintió atraído por aquella novela. A las posibilidades cinematográficas del relato se unía la pasión de Keaton por los trenes: la mayoría de sus películas tienen alguna secuencia en la que aparece involucrado un tren, y hasta el fin de su vida tuvo en su casa un enorme tendido ferroviario de juguete. Además, aunque el proyecto prometía ser costoso, el momento no podía ser mejor. Joseph M. Schenck había sido puesto al frente de la United Artists, productora que había dado su visto bueno a carísimas producciones independientes de figuras como Chaplin, Mary Pickford o Douglas Fairbanks. Por otra parte, hasta ese momento todas las películas de Keaton habían sido bastante rentables, y la más reciente, El boxeador (1926), estrenada durante la postproducción de esta cinta, llegó a ser en pocos días la más taquillera de los últimos años. Con esos argumentos, Schenck consiguió de la United Artists carta blanca para que Keaton hiciera la película como quisiera y con un generoso presupuesto.

Escribiendo la historia

Lo primero de todo fue la escritura del guión. Keaton, Bruckman y otros dos colaboradores (Al Boaster y Charles Smith) elaboraron un argumento que en términos generales se mantuvo fiel a los hechos descritos por Pittenger, con un cambio significativo: el número de perseguidores sureños fue reducido a uno, el personaje de Keaton, rebautizado como Johnnie Gray en el filme. A partir de él construyeron todo el relato, que se centraba en la primera parte de la novela: el robo de la “General” y su posterior rescate por las tropas sureñas; toda la historia de la cautividad y las intentonas de huida fueron deliberadamente olvidadas, entre otras cosas porque en la película el punto de vista del relato fue modificado para que las simpatías pasaran al Sur. La guerra civil constituía entonces -mucho más que ahora- uno de los temas más espinosos de la historia norteamericana, y Keaton era muy consciente de esa especial sensibilidad. Como señaló años después en una entrevista, “ uno siempre puede hacer villanos a los norteños, pero nunca al sur. No funciona con el público cinematográfico. El sur perdió y las simpatías del público están con los perdedores. Cuando termina la historia de El maquinista de la General el sur iba ganando. Todo esto sucedió en 1862 y el sur perdió en 1865“.

Con esa idea en la mente los héroes pasan a ser los sufridos perseguidores, es decir, el maquinista solitario, un hombre sencillo y humilde pero firmemente enamorado de dos cosas: su novia… y su locomotora. Por eso, en la cabina de la “General” lleva una foto de ella, y en casa de ella deja como regalo una foto de la “General“. En torno a este personaje vivimos la historia inventada por los guionistas: rechazado por el Ejército porque es más útil como maquinista, Johnnie Gray vive la humillación de ser tildado de cobarde (aquí hay influencias de la novela Las cuatro plumas) tanto por parte de su novia como por parte del hermano y del padre de ésta. Pero el robo de la locomotora por parte de los espías norteños le hace entrar en acción -más por amor a su tren que por mero patriotismo-, y empieza una espectacular persecución que propicia las mejores escenas del filme y algunas de las más memorables de toda la época del cine mudo, como la del cañón que desciende su ángulo de tiro y apunta directamente al pobre Keaton. Esa persecución llevará a Johnny hasta detrás de las líneas enemigas, donde recuperará a sus grandes amores (su novia y su locomotora), conocerá los planes secretos de los unionistas y se verá envuelto también una nueva persecución contrarreloj -en esta ocasión será él el perseguido-, con el objetivo de advertir a los confederados de la amenaza que se cierne sobre ellos.

Parte III: Preproducción de la cinta

Desde el principio, Buster Keaton se propuso que el filme fuera lo más realista posible, entre otras cosas porque entendía que su estilo de comedia funcionaba mejor cuanto más verosímil fuera su contexto. En consecuencia, su primer objetivo para hacer la película fue tratar de obtener la locomotora que había protagonizado el episodio original sesenta años atrás. La auténtica “The General” se conservaba en la estación de Chattanooga expuesta al público y a los pasajeros, y aunque en un principio sus propietarios autorizaron su uso para el filme, luego decidieron negarlo ante las protestas de diversos grupos de veteranos de la Guerra Civil. A ninguno le hacía mucha gracia que esa reliquia fuera objeto de una cinta cómica. Como resultado, Keaton tuvo que conformarse con unas réplicas esencialmente idénticas a las dos locomotoras que protagonizaron aquella épica persecución.

Localizaciones históricas

El segundo objetivo de verosimilitud histórica era encontrar las localizaciones exactas donde ocurrieron los hechos. La persecución se desarrolló sobre la vía férrea que une Atlanta y Chattanooga, pero en 1926 ese tramo del ferrocarril había sido largamente modernizado, de forma que ni de lejos podía sugerir que la acción se desarrollaba en torno a 1860. Además, Keaton estaba decidido a lograr que buena parte de su película se desarrollara en movimiento, sobre el tren, y por lo tanto harían falta largos tramos de vías férreas paralelas, una para ejecutar la acción y otra para rodarla.

Hicieron falta algunas semanas de exploración para que el realizador encontrara lo que necesitaba en los alrededores de Cottage Grove, en Oregon, que por tratarse de una zona maderera estaba llena de antiguos tendidos ferroviarios. A finales de mayo de 1926, un pequeño ejército comandado por Keaton y su jefe técnico Fred Gabourie, responsable de todos los efectos mecánicos del filme, se trasladó a vivir a Cottage Grove con dos claros objetivos: en primer lugar, reconstruir en sus alrededores la calle principal de un pueblo sureño; y en segundo lugar, ajustar y poner a punto las tres locomotoras antiguas que fueron localizadas y adquiridas en sus inmediaciones. Envejecidas un poco más para completar su parecido, aquellas locomotoras de la vieja empresa maderera se asemejaron por completo a los modelos utilizados durante la Guerra Civil. Una de esas máquinas sería “The General“, otra “The Texas” (la locomotora perseguidora que conduce el personaje de Keaton), y la tercera se utilizó para tareas de apoyo logístico.

Preocupación por la fotografía

La fotografía se vio también involucrada en la obsesión realista del director. Para proporcionar mayor estabilidad a las cámaras que iban a filmar los travellings de los ferrocarriles en movimiento, Keaton las dispuso en automóviles atados sobre vagones de carga, para que los amortiguadores de los vehículos asimilaran buena parte de las vibraciones del recorrido. Por otra parte, los tonos y matices de la fotografía trataban de recrear los ambientes y las imágenes que el público tenía asociadas a la Guerra Civil; en concreto, la textura y la riqueza visual del filme se inspiraron en las célebres fotografías que Matthew Brady hizo durante el desarrollo del conflicto, y a ellas se ajustaron con un impecable rigor escenográfico.

Esa precisión se aplicó también a la utillería, al vestuario, al diseño de los decorados y a toda la parafernalia militar. Hasta el cañón de aspecto cómico que aparece en las fotografías más difundidas de la película fue inspirado en un modelo verdadero de la época, y esto a pesar de la inicial reticencia de Keaton. Como señalaba en cierta ocasión, “ era tan ridículo que dudamos si sacarlo o no por temor a que el público pensara que lo habíamos inventado“. Afortunadamente fue incluido en la producción, y el cañón terminó protagonizando uno de los momentos más recordados de la historia del cine mudo.

Parte IV: Una producción muy costosa

Como acostrumbaba desde el inicio de su carrera cinematográfica, Keaton rechazó ser doblado por otros actores en las escenas de riesgo. Feliz con un tren de verdad para él solo, aprendió a conducirlo hasta ser capaz de hacer todos los malabarismos escénicos que vemos en la cinta. En cada toma Keaton gritaba “¡Acción!” y se sumergía de inmediato en la escena, y el operador de cámara tenía orden de rodar hasta que Buster exclamara “¡Corten!”… o se matara.

Secuencias antológicas

Con todo, la escena de mayor riesgo fue, no obstante, la menos aparente y quizás la más bella de su carrera. Rechazado injustamente por la chica, Keaton se siente invadido por un estado de profunda melancolía sentado sobre la biela de su locomotora, que de pronto comienza a funcionar con él encima: “En esa toma mi vida dependía de la pericia que tuviera el maquinista -explicó el realizador años después-. La máquina tenía que arrancar muy lentamente, porque si las ruedas resbalaban sobre los rieles, cosa bastante frecuente, yo podía caer hacia atrás y ser despedazado por la locomotora“.

El rodaje comenzaba muy temprano cada mañana y se prolongaba hasta el atardecer. Keaton continuaba entonces el trabajo hasta bien entrada la noche preparando, con ayuda de sus colaboradores, el rodaje del día siguiente. Como otras grandes obras del cine cómico mudo, El maquinista de la General se realizó sin un libreto totalmente definido. Con pocas excepciones, los gags se ideaban, se desarrollaban y se ensayaban sobre la marcha. Y cuando una idea no funcionaba, Keaton detenía la actividad y se dedicaba a pensar, explorando nuevas posibilidades, hasta que ideaba una solución para la escena o descartaba la situación que producía el bloqueo.

Este modo de hacer, que explica esa tendencia a la narración episódica que vemos en la mayoría de los largometrajes cómicos -desde Chaplin hasta Laurel y Hardy-, había sido hábilmente compensado por Keaton en películas anteriores como La ley de la hospitalidad (1923) o El navegante (1924), en las que procuraba descartar todos aquellos gags que no hicieran avanzar la acción. Pero en El maquinista, cuya estructura narrativa ha sido comparada con un mecanismo de relojería, el realizador se supera a sí mismo. Cada situación deriva en la siguiente con la misma fluidez y simetría del recorrido ferroviario: Keaton atraviesa la primera mitad del filme de derecha a izquierda, persiguiendo a “The General” a bordo de “The Texas“, y la segunda mitad, de izquierda a derecha, a bordo de la General y perseguido por la Texas. Todo lo que los perseguidos ejecutan contra el perseguidor durante la primera parte es ejecutado en sentido opuesto en el recorrido de la segunda parte. Sin embargo, lograr esa simetría y esa extraña perfección de la película supuso un alto costo para la productora. Keaton sabía que la historia y la puesta en escena -la bella y divertida persecución de los ferrocarriles- iban a producir un impacto seguro en el público, y por eso se tomaba su tiempo hasta lograr que cada situación fuera perfecta, digna del que iba a ser su mejor filme.

A esos retrasos, frutos del perfeccionismo, se sumaron otros causados por la necesidad de apagar los frecuentes incendios que las chispas de las locomotoras causaban en las pilas de heno y en las granjas circundantes. Sobre todo porque Keaton se empeñó en que las máquinas funcionasen realmente quemando madera y no con la fuerza de un motor. Uno de esos incendios escapó al control del equipo y, aunque finalmente fue detenido, dejó una densa capa de humo que obligó a suspender el rodaje durante varias semanas, hasta que las lluvias lo disiparon. Keaton aprovechó esos días para rodar los pocos interiores de la película, cuyo presupuesto se iba incrementando de forma geométrica.

La secuencia más cara de la historia

No obstante, la gota que colmó el vaso sucedió a finales del rodaje. Keaton decidió culminar su película con el gag más caro de toda la historia del cine mudo. Un oficial testarudo ordena al maquinista de la Texas que atraviese el puente en llamas: “Ese puente no se ha consumido lo suficiente como para detener su tren; avance y mis hombres se encargarán de vadear el río“. La locomotora avanza y el puente se deshace bajo su peso, arrojando la máquina sobre el agua y las rocas. El plano siguiente vuelve sobre el oficial que, juzgado en silencio por la mirada inquisitoria de sus soldados, comprende tarde que acaba de ordenar una estupidez mayúscula.

La filmación de esa toma tuvo lugar el día 23 de julio de 1926. Sólo podía rodarse una vez, así es que Keaton dispuso seis cámaras para asegurar que reunía suficiente material como para montar toda la secuencia. Conocedora del hecho, toda la población de Cottage Grove se reunió para contemplar la espectacular destrucción de la máquina locomotora. El puente fue construido especialmente para que se desplomase al paso del más liviano vehículo, y la Texas utilizada en el rodaje fue doblada por la tercera máquina, en mucho peor estado, después de que los técnicos la juzgasen en peores condiciones que las otras dos.

Sus restos permanecieron en el río durante casi veinte años, hasta que fueron rescatados durante la segunda guerra mundial para reciclar sus componentes metálicos. En cambio, los extremos del puente desmoronado, con la madera consumida por el tiempo, todavía resisten sobre las orillas de Culp Creek y constituyen el último testimonio del paso de Keaton por aquel lugar. El costo de esa toma fue calculado en unos 42.000 dólares de entonces, aproximadamente un millón ochocientos mil según valores actuales.

Parte V: Estreno de la película

En los primeros días de agosto de 1926 terminó oficialmente el rodaje. Sin embargo, al repasar el material filmado resultó evidente la necesidad de rodar algunos planos adicionales, y Keaton tuvo que regresar a Cottage Grove unos pocos días durante el mes de septiembre para realizar nuevas tomas.

Ya en el mes de octubre comenzó el montaje en un pequeño cuarto de su propia casa, acondicionado para tal fin. Keaton era su propio montador, y solía trabajar sin ningún tipo de moviola, mirando el material al trasluz. El maquinista de la General tuvo un pase previo en Los Ángeles, en diciembre de ese año, que sirvió para hacer unos retoques, pero su estreno oficial fue en el Capitol Theatre de Nueva York el 5 de febrero de 1927. Entre una y otra fecha Keaton suprimió una escena con el actor Snitz Edwards, que había trabajado para él en películas anteriores.

Al público le gustó, sobre todo por la sencilla emotividad de sus escenas. A diferencia de Chaplin o Harold Lloyd, Buster Keaton es lo menos sentimental posible. Varias de sus películas pudieron haber despertado secuencias en las que el protagonista se sentara solo y triste, se volviera una víctima; sin embargo Keaton evita siempre estos momentos, los hace muy breves o bien les da un toque humorístico. En este filme, por ejemplo, hay un momento que se prestaba a la nostalgia: aquel en que la protagonista desprecia a Keaton por no alistarse en el ejército; podíamos haberle visto cabizbajo, merodeando por la casa o por su locomotora, pero resuelve la escena con un golpe de humor: la máquina se lo lleva a lomos de su biela.

No bastó, sin embargo, la buena acogida del público. La crítica fue muy dura con el filme -tal vez por simpatizar con la causa confederada- y los exhibidores cancelaron muy pronto sus contratos. El historiador Tom Dardis señala que de los once periódicos importantes de la zona, ocho fueron completamente hostiles al filme, dos lo recibieron con una cautela más o menos favorable y sólo uno lo reconoció como la obra de un genio. Como consecuencia, El maquinista sólo recuperó el alto costo de los negativos con su explotación en otros países, pero nunca dio ganancia alguna y fue considerada un desastre económico por su distribuidora, United Artists. Desde entonces, y aunque tuvo cierto control sobre sus próximas películas, Buster Keaton no volvió a figurar como director de ninguna de ellas.

Muerte y resurrección de un genio

A partir de ahí empieza su cuesta abajo. La relación con Joseph M. Schenck, su productor y concuñado, se enfría notablemente y los presupuestos de las siguientes películas se recortan sin contemplaciones. Después de doce años de fructífera colaboración llega la ruptura y Keaton toma una decisión equivocada: vuelve a la M.G.M., donde todavía realizará algunas cintas espléndidas, pero allí el todopoderoso Irving Thalberg recorta su libertad creadora y acaba por rescindir su contrato en 1932. Empieza entonces un calvario, agravado por el abandono de su mujer y la caída en el alcohol, que le lleva a mendigar pequeños papeles en los que malgasta su talento. Incluso tiene que malvender los derechos sobre sus filmes para poder pagar las deudas de su divorcio. Así hasta que un buen día es milagrosamente redescubierto.

Fue paradójicamente El maquinista de la General, la película que le hundió en la más absoluta miseria, la que en 1954 le devuelva el favor del público y le reconcilie definitivamente con la crítica. Al acudir a una proyección de este filme en un cine-club de Hollywood, Keaton conoce al coleccionista Raymond Rohauer, quien se ha entusiasmado tanto con la cinta que se compromete a recuperar, restaurar y difundir la mayor parte de su obra. Rehabilitado en 1957 en Estados Unidos, obtiene un Oscar honorífico de la Academia en 1959, y es requerido en Europa a principios de los sesenta para reponer sus películas ante un nuevo público.Allí una serie de ciclos en diversos países le restituye la fama perdida. También entonces es esta cinta la que le abre el camino, pues es la que él escogió como apertura para todas sus reposiciones.

Sí, era ésta su mejor película, la más querida y la peor juzgada, aquella en que había plasmado todo su talento y su sentido del arte cinematográfico. Por eso, para promocionar el reestreno de esta cinta en Berlín, Keaton logró que le permitieran llegar a la ciudad conduciendo personalmente una locomotora. Según cuenta un testigo de la época los alemanes estaban aterrorizados, pero él la condujo como si lo hubiera hecho durante toda la vida.

Poco le duró ese momento de gloria, porque Buster Keaton falleció a los pocos años, en 1966. Allá arriba estará, entre las nubes, piensan algunos; probablemente conduciendo feliz una locomotora, con la misma inocencia y el mismo valor que el protagonista de esta película inmortal.

TOMADO DE

REVISTA DE CINE FILASIETE. Autor: Alfonso Méndiz

http://www.filasiete.com/making-off/el-maquinista-de-la-general-parte-i-formacion-del-cineasta-y-origenes-de-la-cinta/?searchterm=el maquinista de la general

http://www.filasiete.com/making-off/el-maquinista-de-la-general-parte-ii-la-escritura-del-guion/?searchterm=el maquinista de la general

http://www.filasiete.com/making-off/el-maquinista-de-la-general-parte-iii-preproduccion-de-la-cinta/?searchterm=el maquinista de la general

http://www.filasiete.com/making-off/el-maquinista-de-la-general-parte-iv-una-produccion-muy-costosa/?searchterm=el maquinista de la general

http://www.filasiete.com/making-off/el-maquinista-de-la-general-parte-v-estreno-de-la-pelicula/?searchterm=el maquinista de la general

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