Ficha de reina Victoria (the joung Victoria), 2009

LA REINA VICTORIA (2009). The Young Victoria

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Nacionalidad: Reino Unido y USA

Género: Biopic – Drama romántico

Dirección: Jean-Marc Vallée

Actores: Emily Blunt, Rupert Friend, Paul Bettany, Miranda Richardson, Mark Strong,  Jim Broadbent, Thomas Kretschmann

Guión: Jullian Fellowes

Producción: Graham King, Martin Scorsese, Tim Headington, Sarah Ferguson.

Música: Ilan Eshkeri

Fotografía: Hagen Bogdanski

Duración: 100 min.

Filmaffinity:Votos, 853. Puntuación, 6,3/10

SIPNOSIS

Reino Unido, 1837: Con tan sólo 17 años, Victoria (Emily Blunt) se halla en pleno centro de una lucha por el poder real. Su tío, el Rey Guillermo (Jim Broadbent), se está muriendo y Victoria aspira al trono. Todo el mundo lucha por ganarse su favor. Sin embargo, Victoria se mantiene apartada de la corte por imposición de su dominante madre, la Duquesa de Kent (Miranda Richardson), y su ambicioso consejero, Conroy (Mark Strong). Victoria los odia a ambos. Su única amiga es su institutriz, Lehzen (Jeanette Hain), que la adora, pero que parece inspirar tan poca confianza como todos los demás.

El apuesto primo de Victoria, Alberto (Rupert Friend) recibe una invitación para visitar a la madre de ésta. Es hijo de su tío, el Rey Leopoldo de Bélgica (Thomas Kretschmann). Es evidente que han preparado a Alberto para ganarse su mano. Este hecho molesta a Victoria, ya que no tiene intención de casarse. No quiere que la vuelvan a controlar jamás. Sin embargo, Alberto también está harto de que sus parientes lo manipulen. Victoria y Alberto hablan abierta y sinceramente y se hacen amigos. Cuando él regresa a casa, ella le concede permiso para escribirle. El rey Leopoldo se muestra encantado y empuja a Alberto a que la corteje. Alberto se niega porque sabe que ella no está lista y no piensa volver a Londres hasta que ella lo invite. Leopoldo espera a su pesar.

COMENTARIOS CRÍTICOS

Curiosos coproductores los de esta película: nada menos que Sarah Ferguson y Martin Scorsese. La inglesa Emily Blunt (recuerden su graciosa caracterización de secretaria de la terrible Miiranda en El diablo viste de Prada) asume el regio papel y lo hace creíble. La cinta no va a más y se queda cortita no por culpa del reparto, sino por el guión de Julian Fellowes, el veterano actor y libretista que cuenta en esta última faceta con títulos como Gosford Park de Altman y La feria de las vanidades, aquella versión de la india Mira Nair del clásico de Thackeray que protagonizó Reese Witherspoon. Fellowes no consigue afilar las aristas de su historia, preñada de posibilidades, que queda roma y pide a gritos energía y vibración. También se intuye que al director la historia le cae demasiado lejos de C.R.A.Z.Y.

La puesta en escena es buena, el reparto tiene mucha altura y el equipo cuenta con gente de altísimo nivel (el fotógrafo de La vida de los otros, el montador de Moulin Rouge, uf, uf). Pero la cosa no llega como debería llegar. Parece claro que la vida de Victoria es mucho más sugestiva a partir del momento en que la película termina y nos colocan los proverbiales rótulos contando todas las cosas interesantes que nos vamos a perder, porque los productores no han tenido agallas para hacer una película protagonizada por una señorona de negro zarandeada por mil tragedias (menudo personaje para Emma Thompson o para Julie Christie, sólo de pensarlo es entusiasmante). Pero bueno, queda una cosita agradable.

Tomado de Alberto Fijo en Filasiete

LA REINA VICTORIA – Lytton Strachey

«¿Quién podía odiar a un botón de rosa?» (Simon Schama).

Una combinación de circunstancias determinó que en 1830 la Princesa Victoria fuese reconocida oficialmente como presunta heredera al trono de Inglaterra. Contaba sólo doce años de edad y era la imagen misma de la pureza y la inocencia, con lo que representaba una esperanza de regeneración para una monarquía desprestigiada por los escándalos protagonizados por sus últimos titulares. Como cualquier niña, Victoria podía ser considerada un botón de rosa; una vez crecida, cuando a su aura angelical y corta estatura añadía el atractivo de una figura esbelta, parte de la prensa la llamó la «Rosa de Inglaterra»; era, por demás, el partido más apetecido por las casas reinantes de Europa. Más tarde fue reina, esposa y madre, pero la madurez apenas hizo mella en el aire de virginidad moral que conservó prácticamente hasta su muerte. Un aire sin duda sincero y del todo conforme a su talante más íntimo,pero también un capital político del que supo obtener provecho. La propia Victoria atribuyó gran parte de su popularidad al modelo de doméstica virtud que ofreció a un país por entonces ávido de ejemplos (e inundado durante buena parte del siglo XIX por una oleada de romanticismo y sentimentalismo). Ésta es una de las facetas que destacan en la notable biografía escrita por el escritor inglés Lytton Strachey (1880-1932), miembro del grupo Blomsbury.

Victoria fue criada en un ambiente recoleto y casi exclusivamente femenino además de germanizante, y a quienes la conocieron en la adolescencia causaba impresión de personilla tan simple y piadosa que parecía hija de párroco alemán”. Sin embargo, satisfizo a todos cuantos pudieron verla el día de la ceremonia de coronación –en 1838– por su pasmosa dignidad, y a muchos por la sensatez con que se condujo en sus primeras intervenciones oficiales.

Muy pronto se manifestó como persona resuelta y vehemente, consciente además de sí misma y de su rango. En asuntos de gobierno hizo gala de « instintos de hombre de negocios». Una de las damas de su entorno la caracterizó como mujer dotada de un filamento de acero, definición que Strachey suscribe con entusiasmo. Ejemplo temprano de su firmeza fue el que no dudara en frenar los intentos de intervenir en el manejo de la política exterior británica por parte de su querido tío Leopoldo (Rey de Bélgica y un verdadero padre sustituto para ella).

A poco de asumir como Primer Ministro, Benjamin Disraeli dio en llamarla «Reina de las Hadas»; el célebre político y escritor quedó encantado de la vivacidad de la diminuta monarca. El encantamiento fue recíproco, y el tono más que amistoso, romántico de sus relaciones se mantuvo hasta el final. Desde luego, Disraeli supo del temple de Victoria: el «Hada» tenía dientes y garras (la rosa, espinas). Entre los pasajes más notables del libro me han parecido los relativos al trato de la reina con los sucesivos Primeros Ministros, en el que se comportó con bastante volubilidad. Por lo mismo que aborrecía hasta la sola insinuación del cambio en todo orden de cosas, la alternancia de los partidos whig y tory en la conducción del país la azoraba una enormidad, y recelaba de cada uno de los nuevos jefes de gobierno. Pero, por lo general, pronto aprendía a apreciar sus respectivas cualidades, incluso a parecerle imposible el trato con otro Primer Ministro que no fuese el de turno.
Afirma Strachey que Victoria fue « el símbolo viviente del triunfo de la clase media»; su pronunciada afinidad con los gustos de esta clase, aunque amplificados según su propia posición, impuso un sello burgués a su prolongado reinado. Con todo, la mentalidad de Victoria se caracterizó por un pertinaz conservadurismo: jamás profesó demasiada simpatía para con las reformas liberales y las ideas mesocráticas, el feminismo –por ejemplo- le parecía una espantable aberración, y en distintas aristas de su conducta y personalidad no podía ser sino una genuina aristócrata.

A despecho de su fuerte personalidad, el poder de la Corona declinó de modo sostenido a partir de 1861, alcanzando al final de la era victoriana lo que hasta entonces era su punto más bajo en la historia de Inglaterra. Strachey concibe como factor clave en este proceso -no el único- el fallecimiento del príncipe consorte, Alberto, ocurrido precisamente en dicho año. La influencia de Alberto fue decisiva en el manejo de los asuntos públicos, fortaleciendo de paso la potestad del trono. Tras su deceso, Victoria abandonó el rol pasivo y marginal al que gustosamente se había sometido, no obstante lo cual fue incapaz de obstruir la paulatina liberalización de las instituciones políticas.

Por cierto que Alberto (alemán de nacimiento y primo de Victoria) ocupa un lugar destacado en el libro. Interesante semblanza y consideración de su rol público: de joven indolente al que la política resultaba del todo extraña, pasó a ejercer en esta esfera un papel laborioso y eficaz, convirtiéndose no sólo en administrador competente sino en artífice del poder real. Su muerte significó un duro trance para Victoria, que optó por una voluntaria reclusión; durante mucho tiempo su contacto con el público se limitó a las contadas ocasiones exigidas por el protocolo. Idealizó a su adorado Alberto e hizo un culto de su memoria, conduciéndose en adelante bajo la divisa de honrar los ideales y los gustos de su fallecido esposo. Las residencias reales y sobre todo las habitaciones de Alberto se convirtieron en auténticos santuarios. (Fue esta una «operación de embalsamamiento» -la expresión es del historiador Simon Schama– que alcanzó rango oficial y que a la larga produjo un hastío generalizado.) La vida de Victoria se encaminó en una « eterna y deliciosa repetición de acontecimientos absolutamente triviales», sólo interrumpida por las labores oficiales que nunca descuidó; a ellas destinaba largas horas, mecánicamente programadas. Finalmente, a edad avanzada abandonó su relativa reclusión; si por entonces era de (casi) todos respetada, con sus apariciones en público y el rigor moral de su vida concitó universal estimación. Para sus complacidos súbditos, Victoria se erigió en la personificación del boyante Imperio Británico, al tiempo que el prestigio de la corona –que no su poder efectivo- adquiría niveles casi místicos.

Se trata en mi opinión de un libro escrito con equilibrio entre compromiso emocional y distanciamiento, en que los toques de ironía contrastan con el tono admirativo. El énfasis de la biografía está puesto en la dimensión pública del personaje. Si he de fiarme en la traducción (en mi caso, la de Editorial Sudamericana, año 2000) y en la fama del autor, debo decir que el libro me ha parecido formalmente impecable además de entretenido. Una lectura en verdad gratísima

TOMADO DE:

http://www.hislibris.com/la-reina-victoria-lytton-strachey/

LIGAZÓN DE INTERESE Cinéfilo

http://reportajes.labutaca.net/2009/04/30/la-reina-victoria-el-linaje-de-la-corona-britanica-en-peliculas/

LIGAZÓN DE INTERESE historiográfico

http://www.hiru.com/es/historia/historia_05700.html

http://www.hislibris.com/el-mundo-segun-los-victorianos-david-newsome/

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